La dieta paleo es mucho más que una moda pasajera: es una forma de alimentarte mirando al pasado para mejorar cómo te sientes hoy. Si estás buscando perder grasa, ganar energía o reconciliarte con la comida real, aquí vas a descubrir qué implica, qué puedes poner en tu plato y también los riesgos que debes tener en cuenta antes de lanzarte.
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Índice de contenidos
¿Qué es la dieta paleo?
La dieta paleo, también conocida como alimentación paleolítica, propone volver a un patrón nutricional similar al que seguían nuestros antepasados cazadores-recolectores. La idea central es priorizar alimentos reales, mínimamente procesados y evolutivamente coherentes con nuestra fisiología, dejando a un lado los productos industriales que han aparecido de forma reciente en la historia humana.
Más allá del romanticismo histórico, el enfoque busca reducir la ingesta de ultraprocesados, azúcares añadidos y harinas refinadas. Quienes la defienden aseguran que, al volver a patrones más «naturales», tu metabolismo funciona de manera más eficiente, mejora la saciedad y se estabilizan los niveles de energía a lo largo del día.
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¿Qué se puede comer en una dieta paleo?
Si decides seguir este enfoque, tu cesta de la compra se llenará principalmente de alimentos frescos, proteínas de calidad y grasas naturales. La clave está en elegir productos que no hayan pasado por procesos industriales complejos y que puedas reconocer fácilmente en su estado orginal.
- Carnes magras y carnes rojas.
- Pescados y mariscos.
- Huevos.
- Verduras y hortalizas.
- Frutas.
- Tubérculos.
- Frutos secos y semillas.
- Aceite de oliva y otras grasas naturales mínimamente procesadas.
¿Qué alimentos están prohibidos en la dieta paleo?
En el otro lado de la balanza están los alimentos que surgieron tras la revolución agrícola o que son fruto de la transformación industrial. El objetivo es reducir la inflamación, evitar picos de glucosa y eliminar productos que, según esta filosofía, el cuerpo no está «diseñado» para manejar en grandes cantidades.
- Cereales como trigo, arroz o maíz.
- Legumbres.
- Lácteos.
- Azúcar refinado y edulcorantes artificiales.
- Bollería y productos de panadería.
- Ultraprocesados.
- Aceites vegetales refinados.
- Bebidas azucaradas.
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Riesgos de la dieta paleo
Aunque a primera vista puede parecer una estrategia muy limpia y saludable, no todo el mundo responde igual. Como cualquier patrón alimentario restrictivo, puede generar carencias o una relación complicada con la comida si no se planifica bien. Antes de adoptarla, conviene conocer los posibles inconvenientes y valorar si encaja contigo, tu estilo de vida y tus necesidades reales.
Posibles déficits nutricionales
Al eliminar grupos completos de alimentos como los lácteos o las legumbres, es posible que reduzcas de forma importante la ingesta de calcio, vitamina D o determinadas vitaminas del grupo B. Si no compensas con alternativas adecuadas, a medio y largo plazo pueden aparecer problemas de salud ósea, fatiga o alteraciones metabólicas. Por eso es fundamental planificar y, si hace falta, contar con supervisión profesional.
Exceso de proteínas y grasas
Muchas personas interpretan este modelo como una invitación a llenar el plato de carne sin límites. El resultado puede ser un consumo elevado de grasas saturadas y proteínas muy por encima de lo recomendable. Dependiendo de tu situación, esto podría impactar en tu salud cardiovascular o renal. Mantener el equilibrio y priorizar variedad dentro de lo permitido es esencial.
Dificultad para mantenerla a largo plazo
Seamos claros: renunciar al pan, a la pasta o a compartir ciertos platos en reuniones sociales puede volverse cuesta arriba. Esta rigidez hace que mucha gente abandone o entre en ciclos de restricción y atracón. La adherencia es uno de los factores más importantes en nutrición; si un plan no encaja contigo, por muy «perfecto» que sea en teoría, no funcionará.
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Riesgo de relación poco flexible con la comida
Cuando divides los alimentos en «buenos» y «malos», puedes empezar a sentir culpa o ansiedad al salirte de la norma. Esta mentalidad puede afectar a tu bienestar emocional y a tu vida social. Aprender a introducir flexibilidad, entender el contexto y evitar el pensamiento blanco o negro ayuda a mantener una relación más sana con la alimentación.
No es adecuada para todo el mundo
Personas con necesidades energéticas altas, deportistas de resistencia o quienes siguen pautas culturales específicas pueden encontrar limitaciones importantes. Además, en determinadas etapas vitales, como el embarazo, la restricción sin control puede no ser la mejor idea. Individualizar siempre será más efectivo que copiar un modelo cerrado.